miércoles, 23 de noviembre de 2011

Comida española en Estocolmo – Llévatela de España (I)

Si hay algo que duela de vivir en Suecia, descontando el frío y la nieve, es la comida. O mejor dicho, la ausencia de comida típica española. No tengo nada en contra de las albóndigas suecas, ni del salmón, ni de los arenques ni del solomillo de reno. Todo eso está muy bueno. Pero se echa en falta entrar a un bar y pedir “una de calamares” o “un montado de lomo”, o decir esas frases tan típicas como “Paco, ponme una de torreznos”. Aquí la cultura de la tapa no existe, la cocina básica es muy distinta y los productos españoles son prohibitivos.

La salida más fácil para evitar echar en falta la comida española es intentar visitar España a menudo para dedicar los 23 Kg que Iberia te permite llevar estrictamente a comida. Yo lo hago siempre que puedo. Ésta es mi estrategia para sacar el máximo partido de mis visitas a España:
  • Cada vez que vuelo a España viajo ligero, casi con las manos en los bolsillos. Llevo encima un maletín para el portátil con lo imprescindible: cartera, móvil, portátil con batería, disco duro portátil, gafas, etc. El resto va a la maleta: meto algo de ropa en la maleta de mano y algunos regalos que haya comprado, coloco la maleta de mano dentro de la maleta grande y todo a facturar. De ese modo facturo aire (facturar menos de 15 Kg es una ridiculez) y encima viajo ligero.
  • Los dos días anteriores consisten en pesar la comida que me voy a llevar para evitar sorpresas, repasar la lista que mi madre tiene siempre preparada con todo lo que me tengo que llevar (gracias, mamá) y salir a comprar las cuatro cosas que faltan. La noche de antes siempre me toca discutir con mi madre por cuestiones de peso: ella quiere que me lleve todo o casi todo y yo tengo que poner un límite para evitar quedarme con cara de idiota en el aeropuerto, cuando al poner mi maleta en la báscula vea cómo sobrepasa los 23 Kg.
  • El viaje de vuelta a Estocolmo lo hago más cargado, con casi 23 Kg de comida en la maleta que facturo (23 Kg – peso de maleta – algo de ropa = 18 Kg aproximadamente para comida), más la maleta de mano pesando sus 10 Kg de rigor. Además de la bolsa del duty-free con alguna botella de alcohol. Da igual que bebas mucho o poco, vino o whisky, que compres para ti o para regalar: el alcohol en Suecia es tan caro que los precios del duty free suelen ser la mitad que en cualquier Systembolaget.
  • Como el vuelo Madrid-Estocolmo llega al aeropuerto de Arlanda a las 14.00 cuando quiero llegar a casa son las cuatro de la tarde. Esto quiere decir que las escasas cuatro horas que faltan hasta la hora de la cena (sí, aquí tienes que acostumbrarte a cenar como tarde a las ocho) las dedicaré a hacer inventario de toda la comida que me he traído, colocarla en su sitio y vaguear. Porque un viaje en avión cansa más de lo que parece, y porque me lo he ganado.
Viajes y viajes de experiencia a mis espaldas me han llevado a perfeccionar el método hasta los extremos que acabas de ver. Puede que casi veinte kilos de comida te parezcan una exageración, pero créeme cuando te digo que abrir la nevera y el congelador de tu casa en Estocolmo y ver productos españoles por todas partes no tiene precio ¡Cuando aprieta el invierno sueco, fabada Litoral al canto!

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